El empresario al que le importaba un huevo su cliente

 

Haciendo limpieza de la cartera me di cuenta que tenía muchísimas tarjetas cliente de diferentes sitios. Algunas de ellas ni recuerdo cuando las hice y la mayoría no tengo muy claro el porque.

A raíz de eso me plantee hacer un análisis de las que llevaba encima.

El sistema que decidí utilizar para hacer la selección de las tarjetas fue:

  1. Voy al establecimiento de la tarjeta?
  2. Sé que beneficio me aporta el hecho de tener la tarjeta?

Sencillo, rápido y claro. Si voy al establecimiento pero no tengo claro cuál es la política de la empresa para que use su tarjeta fidelización, NO me sirve.

Seguramente tendré parte de la culpa, pero sin duda la empresa no ha hecho todo lo que debía.

Primer tipo de tarjeta: tamaño diferente al que podríamos entender como normal para llevar en la cartera. FUERA. Es raro que me la haga, pero se convierte en un problema, se pierde o se tiene que enganchar en cualquier sitio. Sin comentario alguna que es incluso más grande.

Segundo tipo de tarjeta: tamaño normal, pero no recuerdo la última vez que fui al establecimiento.      FUERA

Tercer tipo de tarjeta y quizá el más importante: Qué beneficio me aporta como cliente el hecho de tenerla?

En este momento de la criba ya sólo tengo un pequeño numero de tarjetas. He incluido alguna que aunque hace tiempo que no voy al establecimiento tengo muy claro el beneficio directo que me aporta el tenerlo. No sólo he sido tolerante por esa razón, sino porqué al tratarse de una tienda de muebles considero que el periodo de tiempo de no uso puede ser algo mayor que las otras.

Primera tarjeta: no suelo comprar a menudo, se trata de una empresa de muebles, pero el beneficio es directo. Un café. Si, sólo por un café y algún descuento adicional se merece estar en mi cartera.

Objetivo de la empresa: conseguido.

Segunda tarjeta: a diferencia de la anterior, si compro a menudo en el establecimiento, se trata de una cadena de material deportivo, y el beneficio lo recuerdo claramente. Si llego a un total (acumulativo), me envían un cheque con un descuento. Tiene un punto a favor por una razón que a diferencia de la anterior esta si tiene. Si no la llevo puedo utilizarla igual sólo identificándome con el DNI.

Objetivo de la empresa: conseguido.

Tercera tarjeta: Un supermercado, de las diferentes tarjetas que empezaron, sólo sigue una en la cartera. Aunque voy a diferentes supermercados, las anteriores NO han pasado la pregunta sobre sus posibles beneficios. La que SI me quedo tengo muy claro cual es su beneficio directo de poseerla, me acumula dinero (tanto en el supermercado como en la gasolinera de la cadena), y puedo descontarlo en la compra cuando quiera.

Objetivo de la empresa: conseguido

 

Sólo me he quedado con tres tarjetas. Sólo tres.

En la selección me he encontrado con varias cosas que me han molestado especialmente:

Tarjetas que en el establecimiento en cuestión no tienen muy claro que beneficios tiene. Desconozco si los tiene, o si la formación e importancia de la política de la fidelización es una pieza clave en esa empresa. Si no lo tienes claro tú, para que narices me la voy hacer?

  1. Tarjetas que tengo que adquirir realizando un desembolso, alguno de esos desembolsos NO tienen un retorno directo hasta al cabo de un tiempo o incluso si no alcanzo un dispendio demasiado elevado. Te piensas que esto es un club privado? Te voy a dar información de mis hábitos de compra, y encima de tengo que subvencionar el departamento?
  2. Tarjetas que físicamente tengo que enseñar, aunque no realicen ningún tipo de operativa con ella. Pudiéndome identificar con el DNI, NO es suficiente. Desconozco si piensan que el hecho que la lleve físicamente en mi cartera me aporta algún tipo de superpoder.

Evidentemente, el objetivo de la empresa es que yo no sólo tenga la tarjeta, si no que la use. Todas esas tarjetas que he tirado a la basura, no han logrado su objetivo, quizás es mejor NO intentar tener una política de fidelización que tener una MALA política.

marzo 7, 2018

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