EL GATO QUE APRENDIÓ A JUGAR A AJEDREZ

Tengo la suerte de poder compartir mi vida con dos gatos. Seres inquietos pero a la vez dormilones, cariñosos pero esquivos, divertidos e imprevisibles.

En un pequeño pueblo pesquero dónde el pescado que llegaba a puerto iba menguando, dónde los barcos iban desapareciendo, y la alegría de las calles cambió para no volver, vivía un gato.

Era un gato inteligente, uno de esos que parece que haya estudiado sicología, que cuando habla contigo te das cuenta que va dos y tres vueltas por delante. Que sin darte cuenta te ha engatusado con alguna historia más real que inventada, más cierta que increíble. Pero la vida del pueblo también hizo que sus historias fueran conocidas, que la alegría del pueblo que ya no era, no estaba por más milongas ni maullidos a la luna.

El gato empezó a pasar hambre, no le servía todo aquello que hasta el momento le había ayudado a ser el guapo del barrio.

Un día cuando pensaba en tiempos pasados, le pareció ver un ratón. Pensó que era su día de suerte, él no era gato de ratones, él era gato de pescado, de pescado fresco, de chupar las raspas y ronronear la siesta. Pero la historia no estaba para hacerle ascos a nada, así que salió corriendo.

El ratón se giró y le pregunto: pareces gato listo, quieres jugar al ajedrez?

El gato del susto se quedó con seis vidas. El ratón pequeñajo no sólo no había huido si no, que le estaba preguntando si quería jugar con él? Pensó en comérselo, pero la famosa curiosidad que había causado estragos en su raza, esta vez le hizo el gran favor de su vida.

Mira Gato, te diré dos cositas, el pueblo no es lo suficiente grande para todos, verás que los perros fueron los primeros en desaparecer, cuando los humanos no les pudieron dar de comer, se largaron a otro sitio, y ahora malviven por ahí intentando cazar algún conejo en el bosque. Los de tu raza, acostumbrados a comer pescado ahora robáis lo que podéis cuando no os cazan por liebre!

Te ofrezco la oportunidad de tu vida, aprender a jugar a ajedrez. Te enseñaré a pensar como un rey, a moverte como una reina, a saltar como un caballo y a cuando sea necesario fuerte como una torre.

Aquel gato señor, aquel señor gato, aprendió a PENSAR de otra manera, a moverse de otras maneras, descubrió que un ratoncito que era muy listo había sido capaz de encontrar en las pequeñas cosas su sustento, que en el trabajo colaborativo con otros ratones y ahora con un gato se había convertido en el que vivía mejor del lugar.

Que los pasitos que daba el ratoncito no eran lo que él estaba acostumbrado, GRANDES SALTOS, pero que la situación hacía que pequeños pasitos fueran mucho más seguros y productivos. Y así es como en aquel pueblo, sólo el gato que aprendió a jugar a ajedrez, aquel que supo hacerse ratón, sobrevivió a sus colegas que todavía miraban el mar esperando que los barcos que no llegaban trajeran el pescado.

MORALEJA:

–          Gatos!, no esperéis que os den el pescado.

–             Ratones: aliaros con los gatos!

–          Gatos!, aprender a jugar a ser ratones si hace falta

–            Ratones: vuestro mayor enemigo puede ser vuestro amigo!

enero 7, 2017

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